¿Y si todos los caminos llevaran a Lisboa?


Madrid, viernes, 5 de febrero de 2021. Teatro Monumental. Dimitri Shostakovich, Concierto para violonchelo Nº1. Joly Braga Santos, Divertimento Nº1. Anastasia Kobekina, violonchelo. Orquesta Sinfónica de RTVE, Edmon Levon. Concierto Nº2 – XXI Ciclo de Jóvenes Músicos RTVE – Temporada 2020 – 2021 Ocupación: 70%.

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Anastasia Kobekina y Edmon Levon. Fuente: RTVE

Como indicaba Paul Auster en Ciudad de Cristal, nada era real excepto el azar. Albur, si se quiere, que pareció trasuntar un periplo de diferentes obras programadas y cambios sobrevenidos en relación con las nuevas restricciones por horario debido a la realidad covidiana. Por ello, este segundo concierto del XXI ciclo de Jóvenes Músicos de la OSRTVE, bien pudiera haberse visto en peligro por la cotidiana distopía, por lo que tal vez se habría motivado una huída hacia adelante con la intención de cumplir y salvar los muebles. Afortunadamente no fue así, porque si el concierto dejó cierta huella en su momento, ahora, tras sedimentarlo, experiencia y convencimiento se amplifican, por lo que solo puedo ofrecer comentarios positivos ante el viaje que supuso lo vivido.

Se abría la sesión con un tour de force del violonchelo del siglo XX: el primer concierto que Shostakovich compusiera para tal instrumento en 1959, y que con un bello sonido tan carnoso como rotundo, defendiera con altura la premiada y brillante joven chelista rusa Anastasia Kobekina que sustituyó a Pedro Bonet, quien no pudo acudir desde Estados Unidos por mor de las actuales restricciones. La interpretación irónica y sin ambages en el Allegretto, así como especialmente descarnada en la cadenza fue clave a la hora de mantener la tensión, acompañada de una precisa Orquesta de RTVE dirigida por el joven director búlgaro-español Edmon Levon. Debutando al frente de la orquesta, Levon supo extraer un sonido incisivo, punzante incluso, pleno de rigurosos ataques en el maquinista primer movimiento, y en el que además cabe resaltarse el papel solista del trompa Manuel Fernández como feroz contrapunto a la chelista. La lograda tímbrica oscura que Levon consiguió en el lento Moderato arropó con hondura el discurso de Kobekina en una escalada de tensión hacia el abismo de la enérgica cadenza. Tal vez por eso, al poco de enlazar con el Allegro con moto una cuerda se rompió de forma fortuita, por lo que hubo que parar para resolver el percance. Lo que podría haber sido una forma fortuita, (otra vez el azar…) de romper la electricidad de la interpretación, se resolvió con brío y caracter encarando el último movimiento como si nada hubiera pasado. Kobekina todavía presentaría una propina, la Bourrée de la suite para violonchelo Nº3 de Bach que artículo con gran maestría.

Y quiera también la casualidad, que ante los cambios de programa el rumbo del concierto virara al oeste, hacia el confin de la península ibérica, recayendo en una obra del compositor lisboeta Joly Braga Santos, algo que considero es siempre digno de celebrar. No solo porque su agradecida gran obra no sea todavía bien conocida, o quizás más bien cabría decir olvidada, ya que hasta su fallecimiento en 1988 Braga Santos fuera una figura respetada por los círculos musicales españoles aunque apenas se le programara. Cosa incomprensible para quien esto escribe, al considerarle junto al tambien ignorado Roberto Gerhard como uno de los mayores sinfonistas ibéricos del siglo XX, y contando con un legado de 6 sinfonías de las que 5 (!) están todavía por estrenarse en España. Creo que este detalle es más que suficiente como para que quienes tengan capacidad de decidir en torno a las programaciones estén al tanto. Y por eso mismo, cabe agradecer a Edmon Levon el gusto por recuperar y reivindicar la música de esta figura. Música que en buena parte no tiene pretensiones ni metalecturas, pero al fin y al cabo, gran música que no merece el olvido.

Aunque se tenga por obra menor frente a las sinfonías, el radiante, frondoso y optimista Divertimento Nº1 para orquesta de cámara de Braga Santos es una obra de transición entre el neoclasicismo modal inicial de grandes lineas melodícas, que puebla su producción hasta la cuarta sinfonía, y un cromatismo abstracto que inunda su obra posterior que desemboca en un cierto sincretismo entre ambos estilos hacia el último decenio de la vida del compositor. Compuesto en 1960 para la Orquesta Alessandro Scarlatti de la RAI de Nápoles, y estructurado en tres movimientos desarrollados con rasgos arcaizantes a partir de material folklórico de la canción del Romance de Don Fernando, el virtuosismo instrumental es quizás el principal rasgo de este pequeño y colorista concierto para orquesta. En este, los balances entre secciones con un torrente de solos intrumentales simultaneos, las transiciones temáticas, la atención al ritmo, y el control dinámico fueron algunos de los retos que pacientemente afrontó Edmon Levon a la hora de abordar esta obra, obteniendo un resultado extraordinario de los profesores de la orquesta. Levon, buen conocedor de los entresijos de la misma al provenir de los atriles como violinista, supo trazar con gesto elegante el arco que conforma el Preludio desde el atmosférico pianissimo inicial, construyendo un hermoso crescendo para dejar cantar a las diferentes familias instrumentales. El brillante y festivo Intermezzo fue servido con efervescencia y buen swing, sobre todo en la reexposición del cálido tema del solo de cuarteto. El Finale estuvo marcado por un sutil contraste dinámico que el director granadino condujo permitiendo el diálogo entre los diversos tutti y los solistas hasta resolverse en una rutilante coda. Nada mal para ser la primera vez que la Orquesta Sinfónica de RTVE interpretaba esta obra.

Fue una lástima que por los nuevos condicionates de movilidad el concierto debiera terminar antes, lo que no permitió que se interpretaran las Cuatro Danzas Escocesas del compositor británico Malcolm Arnold, de quien se cumple el 100 aniversario de su nacimiento en este año. Al final, el mismo azar que trastocó todo, fue vencido por la realidad de un excelente y estimulante concierto que Edmon Levon mantuvo con gran calidad hasta su conclusión. Con razón, este éxito fue ampliamente aplaudido incluso por los profesores de la orquesta. No todos los días se mira a Portugal y se recuerda a Braga Santos de forma tan espléndida. Quizás, y pese (o gracias) al azar, no todos los días todos los caminos lleven a Lisboa.

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